30
Jun
Antes de 1960, el cine de terror en Hollywood transitaba caminos previsibles, anclados en monstruos clásicos como Drácula, Frankenstein o el Hombre Lobo. Aunque algunos títulos como La semilla del diablo o La invasión de los ladrones de cuerpos comenzaban a explorar temáticas psicológicas, predominaban narrativas góticas y sobrenaturales, enmarcadas en decorados lúgubres y atmósferas artificiales. El público aceptaba un pacto implícito: el terror era seguro, mantenía su distancia, y rara vez irrumpía en la cotidianidad mundana.La llegada de Alfred Hitchcock rompió ese acuerdo tácito. Hasta ese momento, el director británico ya era conocido por su manejo del suspenso y…